¿No es adorable?
domingo, 23 de diciembre de 2012
jueves, 13 de diciembre de 2012
Herencia recibida
Simon y Garfunkel, Led Zeppelin, los Beatles, Héroes del Silencio, Celtas Cortos, Sabina, Serrat, Deep Purple, Pink Floyd.
La música de mi infancia, la que escuchaba en casa, la que me sabía de memoria y la que me ha marcado profundamente. Agradezco muchas, muchísimas cosas a mis padres, pero en lo que a mi educación musical respecta decir gratitud es decir muy poco.
Imaginad a la niña de ocho años que no soportaba a las Spice Girls, los triunfitos o la bazofia de turno. Para qué, si ya desde entonces podía perderme entre la voz de Bunbury y las letras de Avalancha, si conocí la poesía de Miguel Hernández en la voz de Serrat, si podía volar entre guitarras eléctricas.
Desde siempre mi mente asocia a Led Zeppelin con el amarillo de los campos castellanos, no puede ser de otra manera, es música de carretera desde mi más tierna infancia.
Y aún recuerdo cuando Metallica eran "los gritones" y el flamenco eran "esos señores que sólo saben gritar y, papá, para qué cantan si no se entiende lo que dicen". Y de repente un día te das cuenta de que te quejas por costumbre, y haces caso a tu madre "calla un poco, y escucha" y te das cuenta de todo lo que puede transmitir una guitarra española y que, bueno, Metallica tiene sus temazos.
Y aquí estoy, después de un mes de pasar de los brazos de Bunbury, a los de Mustaine, a los de Robert Plant, escuchando a Camarón y Paco de Lucía a la una y veinte de la mañana de un miércoles.
Qué sería de mí sin esa base y sin haber aprendido a callar, escuchar y perderme entre notas musicales.
La música de mi infancia, la que escuchaba en casa, la que me sabía de memoria y la que me ha marcado profundamente. Agradezco muchas, muchísimas cosas a mis padres, pero en lo que a mi educación musical respecta decir gratitud es decir muy poco.
Imaginad a la niña de ocho años que no soportaba a las Spice Girls, los triunfitos o la bazofia de turno. Para qué, si ya desde entonces podía perderme entre la voz de Bunbury y las letras de Avalancha, si conocí la poesía de Miguel Hernández en la voz de Serrat, si podía volar entre guitarras eléctricas.
Desde siempre mi mente asocia a Led Zeppelin con el amarillo de los campos castellanos, no puede ser de otra manera, es música de carretera desde mi más tierna infancia.
Y aún recuerdo cuando Metallica eran "los gritones" y el flamenco eran "esos señores que sólo saben gritar y, papá, para qué cantan si no se entiende lo que dicen". Y de repente un día te das cuenta de que te quejas por costumbre, y haces caso a tu madre "calla un poco, y escucha" y te das cuenta de todo lo que puede transmitir una guitarra española y que, bueno, Metallica tiene sus temazos.
Y aquí estoy, después de un mes de pasar de los brazos de Bunbury, a los de Mustaine, a los de Robert Plant, escuchando a Camarón y Paco de Lucía a la una y veinte de la mañana de un miércoles.
Qué sería de mí sin esa base y sin haber aprendido a callar, escuchar y perderme entre notas musicales.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Sherlock
- I know exactly where I'm going.
- You wearing any pants?
- No.
- Ok.
- In Buckingham Palace. Right. I'm am seriously fighting an impulse to steal an ashtray.
¿Os he contado alguna vez que estoy muy enamorada de este Sherlock?
sábado, 24 de noviembre de 2012
Rothko y el silencio
Quizás es porque tengo sólo veintidós años y aún me quedan muchas visitas, pero cada vez que voy al Museo Reina Sofía descubro una obra en la que no había reparado hasta entonces (y me pierdo, siempre que voy al Reina, me pierdo); en una sala que conozco de repente me fijo en un cuadro al que hasta entonces no había prestado atención. Ayer volvió a pasarme, pero esta vez sí que no me lo esperaba, no entiendo como había podido esconderse de mí un Rothko hasta este momento.
Quizás, y en realidad a esto viene la entrada de hoy, es por cómo está montada la sala dónde se encuentra. Supongo que en esto, como en tantas otras cosas, cada historiador -o proyecto de- tiene su opinión. Habrá a quien le encante cómo está montado, pero a mí me parece un error garrafal (y no sabéis lo raro que me resulta alzar la voz con cosas como ésta, alzar la voz para contradecir a quienquiera que haya montado esa sala que seguro que es un señor importantísimo).
Al lado de nuestro Rothko se proyecta La ventana indiscreta, y cuando digo al lado, es al lado. En un museo de arte contemporáneo es fundamental integrar al cine y la fotografía, forman parte del discurso, de los modos de pensar, de la época que los produjo. El problema -o, más que problema, circunstancia- es que el cine requiere de una sala oscura y emite sonido. ¿Es un problema? Pues montar una sala de paredes negras y separada del resto para que no moleste el sonido no debería ser un problema. Supongo que ese señor tan importante quiso dejar muy claro que todas las manifestaciones eran parte de lo mismo, que se produjeron de forma simultánea y entretejida. Pero Rothko -para mí- requiere de un espacio propio, casi apartado. Tenemos que poder detenernos frente a su obra y contemplarla en silencio durante un rato. Contemplarla hasta que nos sumergimos en la pintura, hasta que el color nos envuelve, hasta que podemos escuchar esos límites difusos y vibrantes y el silencio deja de ser silencio.
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| Untitled (orange, plum, yellow), 1950 |
P.D.: pongo el cuadro porque me parece lo lógico, pero la imagen no le hace justicia (nunca lo hacen, pero en este caso menos aún).
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Untitled orange plum yellow
lunes, 12 de noviembre de 2012
Downton Abbey
En vena y en bucle, por favor, hasta que me colapsen las neuronas.

P.D.: prometo que no sé qué demonios hacer para que no se me descuadren las fotos ú.ù
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