El cine es una invención sin ningun futuro, dijeron los hermanos Lumière. Y es seguramente una de las citas-anécdota más curiosas de la historia del cine por lo garrafal de la predicción.
Tuvo que ser maravilloso vivir esos primeros momentos de la andadura del cine, asistir a las primeras proyecciones de las vistas de los Lumière. No me extraña que se hable de la magia del cine.
Y tantos mamelucos en mi clase incapaces de entender el miedo y la fascinación que causó aquella Llegada de un tren a la estación de la Ciotat. Qué poca empatía, señores, qué poca capacidad de abandonar por un momento la mentalidad propia para pasar a otra distinta, qué desastre de historiadores del arte seréis algún día. Cómo no iban a gritar y pensar que un tren iba a arrasarlos cuando era la primera vez en su vida que veían una imagen real dirigiéndose hacia ellos, la realidad tal y como la veían, copiada y reproducida a placer. Tuvo que ser maravilloso.